El Periódico Digital del Valle del Cidacos
Miércoles 5 Octubre 2011

El Villar: Octogenarios 2011

Por Ciberteca de Enciso.
Octo5
Discurso de Enrique Alcalde en la Fiesta de los Octogenarios 2011 en El Villar:

HOMENAJE A NUESTROS MAYORES.
Ellos fueron, ellos son nuestros verdaderos Dinosaurios y como tales dejaron imborrables huellas en su vida y en la nuestra. Se fueron como aquéllos, pero el tsunami industrial no pudo vencerlos y aquí están como huella, testigo y compromiso de ese pasado, de este presente y de un mejor futuro. No sabemos qué será de este pueblo, de nuestro pueblo, ni cómo se vivirá, pero estas piedras y estas huellas, que sois vosotros, rezuman esperanza tras haber vencido todo tipo de adversidades.
Hoy queremos reconocer en vosotros la gran dificultad, la dura y agria decisión, no de marchar, sino de tener que marchar. No había vuelta de hoja. Cuando una montaña se levanta ante nosotros absolutamente altiva e inaccesible, lo mejor es rodearla en vez de empecinarse contra su pared. En aquellos tiempos todo era una montaña imposible de escalar. Absolutamente infranqueable. Cada día se hacía más pequeño vuestro futuro aquí y, a pesar de dejar un amigo común y entrañablemente querido, hubo que partir. Unos llorando por dentro, otros por fuera y El Villar llorando por todos desde lo más profundo, desde lo más suyo. No sólo porque un pueblo abandonado es lo más triste que podamos ver, sino porque estos montes y barrancos eran vuestros. Eran vuestro Villar. Y EL VILLAR ERAIS VOSOTROS MISMOS. Todo saltaba por los aires sin esperanza de composición. Pero la Historia es muy sabia y a veces hace realidad lo imposible. Con vosotros, con El Villar, lo hizo. Lo ha hecho.
Vosotros habéis sido la gran encrucijada de este pueblo. Sin duda, un antes y un después. Fuisteis, sois el eslabón que la Historia tuvo a bien usar, hacer de puente entre El Villar pequeño, medido; de labranza y pastoreo elementales, por otro Villar sin medida y acoplado para siempre al tren del futuro. Futuro que, sin duda, ha sido histórico en vuestro esfuerzo y en el nuestro. El nudo de todo ello está en vosotros y es eso, es esto lo que hoy queremos reconocer y celebrar públicamente, deseando sintáis el calor de todo un pueblo. De vuestros hijos y nietos. En una palabra: de vuestro Villar al completo.
No me consta se haya hecho nada en este sentido y, nos honramos de que sea hoy, en este acto tan amplio y familiar, tan nuestro y tan vuestro, en el que llevemos a cabo este más que merecido reconocimiento.
Imposible poder imaginar , cuando os echasteis la maleta al hombro que, con el tiempo, El Villar, su futuro que es el vuestro y el nuestro, iba a estar hoy aquí como está: totalmente acoplado a la vida y haciendo, de lo que sólo era sudor y trabajo, un verdadero Edén para disfrute de todos. Bendecimos que hayáis podido llegar hasta aquí y os sintáis completamente felices de haber logrado lo que hoy tenemos ante nosotros. Quien hizo el esfuerzo de la compra y el sudor de este agradable paraíso en el que se ha convertido El Villar, fuisteis, sois vosotros. Es para sentirse felices.
Gracias por aquellos panes, por aquellas hoces, por aquellos trillos. Gracias por vuestros esfuerzos. Gracias por vuestros careos. Gracias por pastorear. Gracias por vuestras lágrimas y gozos. Gracias por estar con nosotros.
Debido a aquella agria decisión, a aquel profundo desgarro, hoy sus hijos, los descendientes de ese pueblo, pueden venir a él a pagar lo que deben: recuerdo, cariño, respeto y aprecio por todo lo que supuso para sus padres y abuelos. Y, cómo no, también para ellos.

No otra cosa es subir al Villar.
Por lo menos,
para la generación en la que nos movemos.
Por lo menos,
para aquellos que no sabemos olvidar.

Y tal fue su sueño que, pasado los años, otra vez El Villar se pone en marcha como aquellos trenes que paraban en las estaciones para hacer trasbordo hacia otros destinos y, al rato, remolones y pesados, tras haber llenado su buche de agua y carbón, emprendían la marcha resoplando sin parar a lo largo y ancho de España. El Villar se ha puesto en marcha. Quizá no tenga muy claro cuál es su destino, pero ahí está caminando hacia el futuro como nunca lo estuvo, como nunca lo hizo. Como jamás hubiéramos podido imaginar.

Tiene fuerza, tiene marcha
y posibilidad de llegar.
Dejemos que sea el tiempo
quien decida lo demás.
Claro que sus tierras daban pan,
y hasta leche y miel;
y algún que otro maná.
Muchos frutos en otoño
que reverberaban,
tanto a la puesta del sol
como a la madrugada.
Pero no daban futuro
que se pudiera afrontar.
Cuanto más mermaban los barrancos,
mayor se hacía el camino hacia la ansiedad.
Cuanto más mermaban las fuerzas,
más había que acarrear.

En su partida, todos rezaban a una y en silencio la misma oración que Emiliano recitó en su día:
Adiós a tantas cosas idas,
que hoy el pueblo me recuerda.
Adiós para siempre, ¡adiós!
tertulia de la plazuela.
Como decía, tenemos la suerte de haber superado todas aquellas calamidades y forma de vivir. Por lo que todos nos sentimos orgullosos. Orgullo y capacidad que invito a verter aquí como una forma más de honrar y reconocer todo aquello. Logrando, entre todos, que el desgarro de esta última estrofa nunca se vuelva a hacer realidad, sino que el Villar empiece de nuevo a recuperar su rumbo y, generación tras generación, como en sus mejores tiempos lo puedan evidenciar.
Por otro lado, nuestro querido Emiliano, quizá no tuvo tiempo para atisbar cómo,

poco a poco,
“la pequeña Plazuela”,
se va reavivando.
De su propio rescoldo,
va prendiendo la llama
medio a la chita callando.
Medio con todas las ganas.

Queridos amigos, yo prefiero apoyarme en la esperanza. Resulta más fuerte que apoyarse en los troncos secos y medio caídos que vemos por los barrancos, rendidos ante el paso del tiempo y haciendo de resguardo para setas y hongos, antes desconocidos.
El Villar y, por lo tanto, su “Pequeña Plazuela”, van tomando aliento tras varios años de letargo. Superado el valle impuesto por el declive del terreno cronológico, estamos subiendo a lo más alto del Hayedo para, desde allí, descubrir y diseñar los mejores horizontes jamás soñados. Queda mucho por hacer, pero lo peor ya está superado, dando luz y realidad a otro sentimiento: ¡El Villar sigue siendo nuestro pueblo!
No sé hasta qué punto hemos sabido recoger, reconocer, agradecer y honrar en su justa medida la realidad viva de estas personas en lo concreto de aquellos tiempos. La catarsis que han tenido que hacer es increíble. Son personas con dos caras: la de su pasado y la de su futuro. Y nunca mejor dicho, pues ellos lo fraguaron. No sólo para ellos, sino para todos los suyos, para todos nosotros. Unos dentro y otros fuera, sólo era trabajar por un futuro mejor. En buena manera creo que se logró y muchos hasta superaron las expectativas que habían depositado en ese futuro. Al final celebraron y dieron por bueno, por óptimo, el hecho de haber abandonado el pueblo. Aquel pueblo que era todo para ellos y lo único que tenían. Con el paso de los años vieron cómo, no sólo resolvieron de la mejor manera sus días sino, sobre todo, un futuro muy distinto para sus hijos. Fue duro, pero mereció la pena. Quizá quienes no tuvieron tiempo, por su avanzada edad, de poder ver el futuro que todos lograron, quizá y sin duda, al morir se llevaron consigo la más amarga de las experiencias: ver que su pueblo no podía responder a las necesidades de futuro cada vez más exigentes e inmediatas. Pero ahí queda todo lo demás como respuesta a la exigencia de los tiempos: El Villar está en pie y todo su pueblo.

Y allí se fueron, a pesar de su pesar.
Pero hoy estamos aquí.
Y es eso precisamente
lo que queremos celebrar.
Salud por muchos años.
Y felicidad.

El Villar, a 3 de septiembre de 2011.
MUJERES
Alejandra Ochoa Heras, Alicia Heras Pérez, Anisia Heras Sánchez
Antonia Martínez Mazo, Casilda Miguel Fernández, Encarna Galón Calvo
Esther Fernández Pérez, Julia León Sánchez, María Alcalde Alesanco
María Fernández Sánchez, María Ochoa Heras, Mercedes Fernández Jiménez, Rosario Sánchez Martínez, Victoria Fernández Ochoa
HOMBRES
Esteban Martínez Fernández, Félix Heras Pérez, Félix Martínez Calvo
Félix Tomás Martínez, Gaspar Martínez Fernández, Ignacio Heras Sánchez
José Tomás Martínez, Juanito Heras Pérez, Manuel Martínez Calvo,
Santos Fernández Fernández

Fotos Enrique Alcalde

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